Reflection – Brian Eno


Una fotografía subexpuesta y con grano (ruido) apenas asoma una cabeza, un pensamiento, una meditación. Es Brian Peter George St. John le Baptiste de la Salle Eno.

Y es que no hay nada más complejo interesante que escribir sobre música ambiental.

Escribir sobre “…ser capaz de asumir varios niveles de atención a la escucha, sin forzar ninguno en particular, […] ser tan ignorable como interesante” (Eno) es perenne. Sobretodo con el último trabajo, que es un regreso al pasado. No con una intención de sufrir la adicción a la nostalgia rentable –¡vaya negocio!–, sino para expresar a través de la plástica sonora una introspección para intentar darle sentido al surgimiento de fundamentalismos, crisis sociales e internet, los cuáles están a la vuelta de la esquina.

Reflection (Warp, 2017), quincuagésimo quinto álbum de estudio, es como una interpretación meditativa comportándose como lenguaje matemático. Podrían ser funciones trigonométricas del tipo seno y coseno: una serie de periodos sonoros que tienden a subir y bajar: flujos que intentan explicar cosas.

Cosas como el regreso del conservadurismo en la sociedad, el volátil click de información inmediata antes de constatarla (Dominique Wolton), los crímenes de odio y la corrupción de casi toda la élite gubernamental y empresarial en el mundo. La última obra de Eno viene en una sola pieza de 54 minutos de duración. Una provocación política para los efímeros e inmediatos consumidores de cultura, la cual ocupa recursos similares a Ambient 4: On Land (1982).

Reflection no es una pieza ambiental en loop a la William Basinski. Tampoco es una pieza creada a partir de una metodología analógica de cintas: corte, pega, graba, corta de nuevo… ad infinitum; por el contrario, es una composición que usa recursos digitales para hacernos creer que escuchamos una campana (¿o un xilófono?), que nos transporta a tierras de sombra, las cuales recuerdan los últimos trabajos de Klaus Schulze. Una serie de olas que se comportan justo como las funciones trigonométricas.

El álbum es una investigación para a) negar la máxima de Margaret Thatcher que ya empezamos a cargar en la espalda: “la pobreza es un defecto personal”;o b) una epístola sonora que muestra que los tweets y estados de facebook no son suficientes para una transformación social; o c) una invitación a la sociedad reflexiva (Bourdieu) para que aún nuestros hijos (biológicos o adoptivos) puedan saborear los arándanos, oler el café, ir al cine o escribir un libro en los próximos años. Tantas interpretaciones como efectos sonoros dentro de los 54 minutos de duración.

Para muchos artistas la música ambiental es “hermenéutica sonora”. Un regalo que se dona a la sociedad; un proceso cuasi matemático que no comunica necesariamente ni compromete al oyente. Ahí radica el poder expresivo de la música que no es necesariamente semántica: sólo sugiere.

Intento de fusionar los elementos formales de la música con los paisajes sonoros, la magia de Reflection, digna placa que puede ser ignorada sin temor a arrepentimientos, intenta ser reynoldsiana con “la forma-manifiesto”: Sólo quiero intoxicarlos placenteramente, reconciliando la ética con la estética.

Están avisados, pero totalmente en su derecho a ignorarme.

Reflection 54:00 min.

eno-reflection

 

 

 

 

 

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